LARGA VIDA A TONY SOPRANO (RIP JAMES GANDOLFINI)

La crítica, el arte, la literatura, el cine, la música, la TV, la fotografía, la comunicación... Aporte su visión acerca de cualquier evento cultural.

Moderador: Diario de Noticias

Responder
Avatar de Usuario
NASCITTURUS
5 de mayo
5 de mayo
Mensajes: 780
Registrado: Mié Ago 04, 2010 11:05 am

LARGA VIDA A TONY SOPRANO (RIP JAMES GANDOLFINI)

Mensaje por NASCITTURUS » Jue Jun 20, 2013 8:46 am

Ante esta triste noticia es momento de escuchar la maravillosa música de Andrea bocelli que sonaba en alguna de las escenas más emotivas de la inmortal serie que encumbró a JAMES GANDOLFINI.





http://cultura.elpais.com/cultura/2013/ ... 14705.html
Imagen

Avatar de Usuario
Txipiriko
7 de julio
7 de julio
Mensajes: 9854
Registrado: Vie Abr 30, 2004 10:34 am
Ubicación: Atrapado en el tiempo

Re: LARGA VIDA A TONY SOPRANO (RIP JAMES GANDOLFINI)

Mensaje por Txipiriko » Lun Jun 24, 2013 9:09 am

Descanse en Paz. Formidable actor al que empecé a conocer desde Perdita Durango, de cuando Alex de la Iglesia hacía películas interesantes. Está claro que no se cuidaba mucho, pero también que una parte importante de su éxito se la debía, precisamente a su físico.
Imagen

Avatar de Usuario
Okariz
7 de julio
7 de julio
Mensajes: 15184
Registrado: Lun Mar 13, 2006 11:11 pm

Re: LARGA VIDA A TONY SOPRANO (RIP JAMES GANDOLFINI)

Mensaje por Okariz » Lun Jul 15, 2013 6:48 pm

Bueno, dejo mi papel homenaje a Gandolfini, y de paso, al final, tomo prestado el título (tan acertado) que ha dado Nascitturus a este post.

FUNDIDO A NEGRO


Así como Gustav Flaubert exclamó Madame Bovary soy yo-aseveración que encierra no pocas interpretaciones y sobre la que se continúa elucubrando más de siglo y medio después- muy bien podría haber sostenido James Gandolfini Los Soprano soy yo, porque la afirmación Tony Soprano soy yo se le hubiera quedado corta. Efectivamente, tal es la mastodóntica magnitud que Gandolfini le confiere no sólo a su papel sino a la serie entera. Más allá del maravilloso -calificativo éste del que echo mano cuando pienso en el guión- personaje de Tony Soprano, creado por el escritor televisivo David Chase, Los Soprano sería impensable sin la deslumbrante participación de un actor -ya conocido en la industria cinematográfica estadounidense y en las tablas de Nueva York- de la talla - y el peso, nunca mejor dicho- de Gandolfini. El actor de Westwood llena la pantalla incluso en las escenas en las que no aparece; recrea a un Tony Soprano al que ha convertido en un icono de la cultura visual de los inicios del siglo XXI y logra que haya un antes y un después en la historia de las series televisivas, como en su día -entre 1990 y 1991- lo logró David Lynch con su oscura Twin Peaks, aunque con mucho menos recorrido y con un deterioro final impensable en la serie del canal HBO.


Los Soprano aporta por primera vez en la historia del género negro llevado a los espectadores (en este caso de la televisión antes que a los del cine) un perfil cubista del personaje principal. Me explico. Hay tantas facetas (distintas caras) en Tony Soprano, que este aparece como si estuviera desfigurado aunque se adivine una homogeneidad física -y por tanto psicológica- si juntamos todas las piezas. Piensen (o vean) el Retrato de Pablo Picasso, que pintó Juan Gris, y me entenderán mucho mejor. O en otras palabras, Soprano es un tipo poliédrico y no plano como han sido la mayoría (ya matizaremos) de los hampones de pro de las películas y series negras que habíamos visto hasta el advenimiento de Anthony “Tony” Sopramo/James Joseph Gandolfini Jr.


Pero no entenderíamos Los Soprano (¿cómo puede resultarnos simpático un matón de ese calado, un tipo de moral tan reprobable? ¿por qué nos gustan sus sicarios? ¿por qué nos reímos con semejantes patibularios?) sin mirar atrás, sin detenernos en la vuelta de tuerca que supone en 1972 El Padrino en el género más oscuro que se ha traducido en imágenes.
Francis Ford Coppola - y Mario Puzzo, por supuesto- recrea las peripecias de una familia de gánsters, de sus adláteres y de sus enemigos en donde no tiene cabida la bondad. O si la tiene, hay que buscarla entre las grietas de la roca de la sevicia y la mezquindad. Entonces, claro, el espectador acaba por encariñarse con Fredo (el hermano débil y pusilánime de Michael Corleone), o con el joven Vito Corleone, que no olvida un favor, o elige al simpático e impulsivo Sonny, o, por qué no, al mismísimo Michael, un hombre que al fin y al cabo sólo piensa en la familia. Asistimos, pues, a un cambio brusco con respecto a lo que antes conocíamos. En las impresionantes películas negras de los años 30, 40 y 50 (de Hampa Dorada a Al rojo vivo, de Scarface al El enemigo Público, de Los violentos años 20 a Los sobornados) observábamos la dualidad entre dos fuerzas opuestas. Glen Ford podía vencer, finalmente, a Lee Marvin; Jean Harlow, Virginia Mayo o Priscilla Lane intentaban salvar a James Cagney (qué grande), Paul Muni o Edward G Robinson (deslumbrante siempre el apodado boca rana) de sus delirios de grandeza y de sus malhadadas acciones.


Pero quién puede apartar de su camino a los Corleone, quién puede hacerle entender a Tony Soprano que asesinar y extorsionar no conducen a nada. Nadie. Ni siquiera Kay Adams (Diane Kaeton) y Carmela Soprano (magistral Edie Falco), dos de los pocos personajes con dudas éticas, son capaces de enderezar la nave. Y al público poco le importa; de hecho no las tienen entre sus personajes preferidos.


En suma, Coppola primero y más tarde David Chase han dinamitado el discurso de aquellos grandes maestros, de Hawks, de Walsh, de LeRoy, de Lang, que soñaban con la redención y con el triunfo del bien.


Y ahora se nos muere el actor que ha vestido los ropajes del boss más atribulado del que tengamos noticia. Es como si la ficción imitara a la realidad y después de un atracón pantagruélico cayera el telón sobre la negra silueta de Tony Soprano. Se fundiera a negro. Desgraciadamente ha sido al revés. Larga vida a Tony, agradecimiento eterno a quien se transmutó en el.
Tiñes mis días de fatal melancolía/ En las ruinas, yedra/ Si mirara más hacia el espejo y menos a la ciudad/ Triste campana que ya no suena/ Largo se le hace el día a quien no ama y él lo sabe/ No se ven los corazones/Tu dignidad es la de todos.

Responder