Autodidactas navarros

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Eneko Zalditze Halda
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Autodidactas navarros

Mensaje por Eneko Zalditze Halda » Sab Nov 28, 2009 1:19 pm

Iñigo Saldise Alda
Autodidactas navarros
Soberanía de Navarra

Aquellas personas que aprenden por ellas mismas se las llama autodidactas. Esta forma de aprendizaje consiste en una búsqueda individual y constante de la información, incluso mediante la realización de prácticas o experimentos. El aprendizaje autodirigido es algo que el ser humano, como todos los mamíferos y el resto de animales, posee en sí mismo, poniéndose en práctica a muy temprana edad, evidenciándose en juegos que nos sirven de enseñanza. La mayoría de las veces, este aprendizaje comienza con dichos juegos y pasado un tiempo, se descubre que se ha aprendido mucho con este método y por lo tanto, no sólo sirve para pasárselo bien, sino que también sirve para acercarse al conocimiento de la vida, las ciencias y demás, estando entre todo ello la historia del Estado de Navarra.

Así pues, podemos afirmar que el aprendizaje de forma autodidacta es el método o carácter de aprender cualquier cosa, principalmente por uno mismo y sin verse por ello bajo la tutela de nadie, lo cual, a principios del siglo XXI, es una necesidad vital e imperiosa para poder recuperar la verdadera historia política de los navarros, ya que estos historiadores autodidactas, propios del país, no se encuentran sometidos a los circuitos académicos existentes de manera forzosa en el Estado de Navarra, tributaciones impuestas tras la invasión y ocupación española y francesa sufridas por Vasconia.

La mayoría de estos historiadores, navarros ellos, comenzaron a comprender esta triste realidad desde muy temprana edad, al escuchar o quizás sería mejor decir no escuchar, a sus respectivos profesores, la historia del Reino o Estado que crearon los vascones independientes o navarros, en unos primeros años de enseñanza obligatoria por mandato español y francés. O incluso, al examinar la impositiva “tradición” universitaria existente en nuestro territorio, viniéndose ejecutada por la Iglesia Católica, aliada firme de los hostiles al Estado de Navarra y por consiguiente tan enemiga para los navarros como el reino de España y la república de Francia, cuyos gobiernos deciden los designios de la enseñanza en la ocupada Navarra.

Precisamente, de estos ámbitos académicos, sencillamente ajenos a los navarros, hay quienes se oponen a este tipo de aprendizaje, especialmente en lo referente a la historia política de Navarra, llegando a afirman sin ningún tipo de rubor, que no todas las personas tienen las herramientas necesarias para juzgar si la información que están obteniendo es fiable u objetiva, mientras que ellos, sistemáticamente, imponen su historia, la suya, la de los conquistadores, que podemos testificar a ciencia cierta, no es imparcial o neutral, ya que rinde clara pleitesía a sus respectivos intereses políticos, estando estos basados o mejor dicho cargados, por su gran parcialidad nacionalista, tanto española como francesa.

Particularmente, como autodidacta en materia histórica y política del Estado de Navarra que es uno, pienso lo mismo que nos dice Luís María Martínez Garate en su último e interesante escrito que lleva por titulo A vueltas con la Historia, del cual me he permitido extraer integro su último y clarificador párrafo:

“Pienso que ya es hora de afrontar en toda su crudeza el profundo carácter político del problema y plantearlo como tal. Sólo un Estado propio, obviamente el de Navarra, puede garantizar un escuela historiográfica propia que sirva realmente al conocimiento de las raíces y la evolución de nuestra sociedad a lo largo de los siglos y centrada sobre ella misma como sujeto histórico y político. Y que ayude, desde la independencia real, a plantear y construir un futuro interdependiente y solidario”.


Por ello, a día de hoy, el aprendizaje histórico autodirigido por cualquier navarro, significa una real incorporación de información útil y sobretodo correcta, tanto por parte del autodidacta como también para la sociedad autónoma e independiente existente todavía en Navarra, facilitando así, mediante un lenguaje nuevo y propio, la permanente y necesaria estimulación de la inteligencia político-histórica del país, precisa e inevitable, para la recuperación de la soberanía plena para el Estado del pueblo vasco(n) o Euskal Herria, sin que para ello sea necesario suponer la desventaja de no tener un aval ajeno y ciertamente impuesto en los territorios de nuestro país, y que concluyentemente es subsidiario mediante un título oficial otorgado por unos estado-nación imperialistas y colonizadores, con su consecuente validez para un ámbito laboral y académico español y/o francés, que sojuzga los intereses nobles y libertarios de los navarros.

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Re: Autodidactas navarros

Mensaje por Eneko Zalditze Halda » Sab Nov 28, 2009 1:22 pm

Luís María Martítnez Garate
A vueltas con la historia
Nabarralde, S.L.

La historia no es sólo, ni principalmente, la forma de entender un mundo que ya no existe. En primer lugar porque no es cierto eso de que “ya no existe”. ¡Claro que existe! Y precisamente por el hecho de que, de una u otra forma, sigue existiendo es por lo que se escribe la historia. La historia no es el cuento de una colección de hechos pasados, es, fundamentalmente, una narración coherente que selecciona situaciones, episodios, conflictos, tratados políticos etc. en función de los intereses de quienes tienen la capacidad de escribirla. No hay que olvidar que son los vencedores quienes escriben la historia.

Pensar que la realidad actual es “otra” que la que describe la historia es un inmenso error que sólo contribuye a justificar como real e inmutable lo que hicieron quienes controlan el poder en cualquier sociedad, de sus desmanes e injusticias principalmente. Y eso es así porque es a ellos a quienes beneficia y justifica, a quienes permite seguir manteniendo su dominio. Los “hechos” que cuenta su “historia” están seleccionados y contados a su estilo y responden a intereses de absoluta actualidad.

Por las mismas razones, la historia tampoco es, exclusivamente, lo que cuentan en sus textos los historiadores oficiales. Estos se mueven en torno de: los circuitos académicos, que están en manos de quienes controlan los resortes del poder y pagan sus servicios. Tenemos como ejemplo de instituciones oficiales que trabajan sobre la historia “l’Institut de France” o “la Real Academia de la Historia” española. Esto nos lleva a una consideración relacionada con el hecho planteado antes de “quién hace la historia”. Franceses y españoles tienen sus respectivos estados que son quienes, para justificar su existencia y la de su nación, en los términos existentes en cada situación histórica (hoy, hace cien años y mucho antes), crean sus “academias” o “institutos” dedicados a su investigación y estudio.

No es completamente cierto el que no tengamos historiografía propia. En efecto, cuando todavía conservábamos, tras la conquista de 1512-24. algunos de los restos de nuestro Estado histórico, Navarra, se puede decir que sí la tuvimos, a través del Padre José Moret y Mendi S.J. y sus “Anales del Reino de Navarra” (1684) como obra más significativa. Moret supuso el inicio de un camino frustrado que, debido a los avatares políticos sobre todo de los siglos XIX y XX, no tuvo la continuidad necesaria para crear una escuela historiográfica propia. Su sucesor más importante, Arturo Campión, vivió y escribió 200 años después de Moret. La creación de escuelas de este tipo no es producto del azar, es resultado de unas estructuras políticas capaces de vertebrar la sociedad que se pretende estudiar. Pueden surgir personas aisladas que, en un momento dado, resplandecen y alumbran a la sociedad, pero que tienen enormes dificultades para crear escuela y garantizar su continuidad.

Dicho en otras palabras: Francia y España disfrutan de sendos estados que les permiten tener sus universidades, escuelas, institutos, investigadores e historiografía propios. Nosotros que fuimos privados de nuestro Estado, precisamente por la intervención violenta de ambas potencias, poco podemos esperar en nuestro favor de sus “escuelas historiográficas”. Más bien al contrario, en ellas encontraremos razones que justifican sus desmanes. Para tener una escuela propia “comme il faut” hay que tener un Estado que la alimente y dé sentido.

Ahí radica precisamente el núcleo del problema: el conflicto no es sólo ni principalmente historiográfico, sino político. Pensar que hacer “historia” en euskera va a contribuir a crear una historiografía propia es creer en los reyes magos. En euskera se puede hacer perfectamente historia francesa y española. Además, aquí y ahora, se hace realmente. Basta con hojear, siquiera superficialmente los libros de texto en los que nuestros niños y adolescentes aprenden “historia”. En euskera, eso sí.

Como muestra de lo dicho, acabo de revisar un texto utilizado por las ikastolas de Iparralde, “Erdi Aroa eta Nafarroako erresuma” (Baiona, 2005) para enseñanza de la historia en su tercer ciclo. Su planteamiento francocéntrico es muy fuerte; casi del calibre de la gravedad que supone el olvido en su texto de fechas como 778 (batalla de Orreaga) o 1200 (conquista y ocupación por Castilla de los territorios occidentales del reino) para nuestra historia. En muchas otras ocasiones, sobre todo en las fechas en que las librerías ponen a la venta los textos para el curso siguiente, septiembre normalmente, he hojeado también lo que se enseña al sur del Pirineo. Sustituyendo “franco” por hispano” nos encontramos con análoga y triste realidad.

No es suficiente con tener unas universidades que se llamen de “Euskal Herria” o de “Navarra”. Los estados que nos dominan ya se preocuparon a lo largo de la historia de que nuestra tradición universitaria no existiera. Cuando hemos llegado a tener universidades en nuestro territorio ha sido o bien de la manos de la Iglesia Católica (Compañía de Jesús y Opus Dei) o bien del Estado continuador del franquismo y de sus vicios sociales y políticos.

Pienso que ya es hora de afrontar en toda su crudeza el profundo carácter político del problema y plantearlo como tal. Sólo un Estado propio, obviamente el de Navarra, puede garantizar un escuela historiográfica propia que sirva realmente al conocimiento de las raíces y la evolución de nuestra sociedad a lo largo de los siglos y centrada sobre ella misma como sujeto histórico y político. Y que ayude, desde la independencia real, a plantear y construir un futuro interdependiente y solidario.

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